21. El Regalo de la Caja
Verde
Las últimas semanas del año escolar pasaron ante
James como una imagen borrosa, extraordinariamente libres de peligro
mortal y de aventuras, pero sin embargo, envueltas con el
estrés no mucho menor de los deberes, exámenes
finales y prácticas de varitas, todos los cuales fueron
relativamente bienvenidos tras la Encrucijada de los Mayores. A nadie
le sorprendió mucho que Hufflepuff ganara la Copa de las
Casas, siendo la única casa que había evitado las
grandes deducciones de puntos por estar involucradas en la variadas
skullduggeries de la conspiración de Merlín. Solo
la travesura de la escoba había costado a Ravenclaw y
Gryffindor cincuenta puntos a cada una.
En la mañana del último día de
escuela, James estaba embutiendo sus libros y túnicas
escolares extra en su baúl cuando Noah subió como
una tromba las escaleras llamándolo.
-Ron Weasley está en la chimenea. Quiere hablar contigo.
James sonrió.
-¡Excelente! ¡Dile que ya voy!
-¡James, cuidado!-gritó Tío Ron un
minuto más tarde cuando James tropezó mientras
bajaba las escaleras, todavía anudándose la
corbata. –Muy respetable y todo eso. Pasaste un buen
año, ¿no?
James asintió.
-Supongo que sí. Al parecer aprobaré,
después de todo. Pasé toda la noche del lunes
preparándome para el examen práctico de Defensa
Contra las Artes Oscuras de Franklyn, luego tuve la más
horrible sensación de que se me había olvidado
todo cinco minutos antes de la prueba.
-No hablaba precisamente de tus obligaciones escolares,
tontorrón -dijo el rostro en las brasas, con una sonrisa
ladeada. –Tu padre me lo contó todo sobre la
conspiración Merlín que descubriste.
-Sí, bueno…-dijo James tímidamente
– Fue todo muy emocionante durante un tiempo, pero raro.
Cinco semanas de deberes y de pronto parece cómo si todo le
hubiera ocurrido a algún otro.
-Así es como funciona -asintió Ron-. Las partes
aburridas de la vida se extienden en tu memoria y desplazan a las
partes emocionantes hasta que sólo llegan a ser como
pequeños destellos. Así es como tu cerebro se
enfrenta a las cosas, supongo. Y hablando de eso,
¿qué tal le va al profesor Jackson?
James puso los ojos en blanco.
-Nada puede mantener al viejo Cara de Piedra tumbado por mucho tiempo.
En realidad no resultó herido en el duelo con Delacroix, a
aunque su varita de repuesto no era tan potente como ella le
rompió. Aparentemente, la persiguió por el bosque
durante horas y finalmente la acorraló en un claro. Le dijo
que la había alcanzado, salvo que ella le había
tendido una trampa, llamado a sus enemigas náyades y
dríadas para que lucharan con ella. Los árboles
lo atacaron por detrás, dejándolo inconsciente.
Así fue como consiguió hacerse ese gran hematoma
en la frente. Aún así, volvió de nuevo
a clase un día después de que Prescott se
marchara, y desde entonces ha estado echando fuego con Zane y conmigo.
Ron arqueó una ceja.
-En realidad no se le puede culpar, supongo.
-Le devolvimos su maletín y pedimos disculpas y todo. Quiero
decir, sé que arruinamos su empresa de toda una vida para
proteger la túnica y evitar el regreso del más
peligrosos mago de todos los tiempos y de todo, pero vamos.
Merlín resultó ser bueno. Delacroix fue enviada a
los Estados Unidos para ser sometida a juicio en los tribunales
mágicos de América. Al final todo
salió bien, ¿no?
-Todo lo que puedo decir es que si yo fuera él, te
desearía arañas en tus cajones durante el resto
de tu vida -masculló Ron-. Pero eso sería yo.. Mi
mente tiende a ir por ese camino.
-Honestamente, tío Ron. Quería arreglar las
cosas. Me gustaba el profesor Jackson al principio.
-A riesgo de sonar como un adulto responsable, James, las acciones
tienen consecuencias. Pedir perdón es genial, pero "lo
siento" no es una palabra mágica. No sólo
arruinaste los planes de Jackson, le diste una puñalada a su
orgullo. Lograste engañarle. En su mente, le hiciste quedar
como un tonto. Es difícil que un tipo como él
supere algo así. Francamente, no puedes culparlo,
¿no?
-Supongo que no -estuvo de acuerdo James con malhumor- Al menos no nos
suspendió en Tecnomancia. Aunque estuvo cerca.
-Buen chico. Aunque vayas a implicarte demasiado en tus
clases. Tienes una reputación que mantener.
-O destrozar -se buró la voz de Noah cerca.
-He oído eso, Metzker -dijo Ron severamente-. Es una
orgullosa tradición Potter, pasar raspando por la escuela.
Empezada por el primer James Potter. Además, mira quien
habla, señor Gremlin.
-Obtuve buenas calificaciones este año, en general -dijo
Noah remilgadamente.
Ron sonrió de nuevo.
-Gracias a tu amiga Petra, sin duda. Ella es para vosotros los Gremlins
lo que Hermione fue para Harry y para mí. Espera. Ella
quiere saludar, James.
La cara entre las brasas se perdió de vista. Un momento
después la sonrisa agradable y el pelo perpetuamente de
Hermione tomaron forma.
-James, que guapo estás -dijo con orgullo–. No
hagas caso a tu tío. El estudiaba muchísimo y se
preocupaba tanto por sus calificaciones como el que más.
-¡Eso no es cierto! -gritó una voz amortiguada
desde las profundidades de la chimenea. Hermione hizo una mueca.
-Bueno, casi como el que más -reconoció-. En
cualquier caso, tu madre y tu padre estarán muy orgullosos
de ti, al igual que tu tío y yo. Oh, apenas puedo creer lo
rápido que pasa el tiempo. Parece como si sólo
ayer fuésemos estado nosotros aún allí
-suspiró, mirando alrededor de la sala
común–. Parece casi exactamente igual. Tendremos
que hacer tiempo para una visita el próximo año.
Será agradable ver de nuevo ese viejo lugar otra. -Incluso
entre las brasas, los ojos de tía Hermione brillaban un
poco. Parpadeó, y luego volvió la mirada hacia
James–. Por cierto, James. Ron ha estado hablando con tu
padre, ya sabes, y los dos querían preguntarte algo. Yo
creí, sin embargo, que sería mejor que alguien
que no fuera uno de ellos sacara el tema, francamente, los dos
están tan tontos al respecto que podrían
influenciar tu respuesta.
-¿Que pasa? -preguntó James
arrodillándose frente a la chimenea.
-No te arrodilles -lo regañó Hermione
automáticamente-. Te mancharás los pantalones de
ceniza. Es sobre la Directora. Está planeando jubilarse,
¿lo sabías?
James no lo sabía.
-¿En serio? Pero… ¿qué
hará entonces?
Hermione le dirigió una mirada que le dijo que acababa de
recordar cuantos años tenía.
-Minerva McGonagall tiene toda una vida fuera de las paredes de
Hogwarts, James, por mucho que te cueste creerlo. Incluso, tengo
entendido, aceptó la oferta del señor Finney de
cenar en Londres.
-¿De veras? -aulló James-
-¿De veras? -internino Noah casi simultáneamente
desde el sofá, levantando la vista de un libro. Hermione
puso los ojos en blanco.
-Fue una cita puramente profesional, os lo puedo asegurar.
Efectuó algunas pequeñas modificaciones en la
memoria del señor Finney, en realidad no le hizo olvidar su
visita aquí, pero la alteró. Todo fue parte del
programa del señor Dolohov de
“limpiar”,como él lo llama, el
expediente de seguridad de la escuela… No obstante
-añadió Hermione, bajando un poco la voz-,
habló bastante bien del señor Finney.
Sería muy agradable pensar que ella pueda encontrar un, er,
compañero. Después de todo…-.
-¡Hermione! -La voz de Ron surgió de nuevo de las
profundidades de la chimenea.
-En cualquier caso -dijo Hermione, poniéndose seria-.
Sí, la directora planea jubilarse, quizás tan
pronto como este mismo verano, asumiendo que pueda encontrarse a un
sustituto adecuado. Lo más probable es que siga
enseñando Transfiguración y ayudando al nuevo
director, quien quiera que sea él o ella. Algunos
habían sugerido a Neville Longbottom, pero el Ministro cree
que es demasiado joven para ocupar el puesto, lo cual es simplemente
estúpido, pero los políticos siendo como
son…
-¡Merlín! -exclamó James–
¡Todos estáis pensando en pedirle que sea el nuevo
director!
Un aullido de alegre triunfo emanó de las profundidades de
la chimenea. Hermione frunció el ceño.
-A mí puedes dejarme fuera de esto, muchas gracias. Todo
esto es idea de tu padre y de tu tío. Pero puedo ver que
estás tan loco como ellos.
-Pero, ¿cómo puede ser él el director?
-preguntó Noah, saltando fuera del sofá y
agachándose ante de la chimenea-. Lo siento
-añadió rápidamente. -¿No
pude evitar oirlo todo?
-¿De verdad? -replicó Hermione un poco
socarronamente. -Vaya, y yo que había asumido que estabas
debidamente enfrascado en el libro de texto de Aritmancia. Que tonta
soy. Sin embargo, mantened esto en secreto, los dos. Oh,
¿pero qué estoy diciendo? Ron, mejor explicas
tú esto. -Suspiró y se sopló un Le
dirigió una sonrisa confusa-. James, que tengas un buen
viaje. Te veremos en una semana. Rose y Hugo te envían
saludos y dicen que les compres algunos Cauldron Cakes en el tren.
Buenos días, Noah.
Hermione desapareció de las brasas y el rostro de
tío Ron apareció de nuevo.
-Excelente idea, ¿eh? -declaró, mirando de Noah a
James con entusiasmo.
-Pero, ¿cómo? -preguntó Noah de
nuevo-. Quiero decir, ese tipo era el mago más
potencialmente peligroso en la historia del planeta hace unas semanas,
¿no? ¿Y ahora creéis que el Ministerio
lo pondrá a cargo de una panda de críos?
-No sin un montón de supervisión -dijo Ron
rápidamente. Obviamente había pensado bastante en
ello-. Ahí es donde entran McGonagall y Neville. Ellos lo
vigilarán y ayudaran, como una especie de junta directiva.
McGonagall ya está de acuerdo, a pesar de que tuvimos que
empujarla un poco. Básicamente teme acabar haciendo ella
todo el trabajo, pero con Merlín obteniendo el
crédito. Puede ocurrir, además, supongo, pero
tú padre y yo no lo creemos. Merlín parece ser la
clase de hombre nacido para mandar ¿sabéis?
-Sí -estuvo de acuerdo James-. Pero aún
así, proviene de una época en la que mandar
significaba decir a la gente qué guillotina tenía
la cola más corta. No me puedo imaginar que el Ministerio
esté de acuerdo en ponerlo a cargo de Hogwarts.
-Tu Merlín es un sorprendentemente rápido
estudiando, James -dijo Ron con seriedad-. Ya ha estado
rondando por todo el Ministerio, conociendo a gente y teniendo grandes
y largas discusiones sobre la forma en que funcionan las cosas hoy en
día. Está caldeando las cosas, ¡he de
admitirlo!
-¿Entonces por qué no lo colocan por
ahí, en algún lugar? -preguntó
Noah–. Quiero decir, el mago más famoso en todo el
mundo y todo eso. Cualquiera pensaría que estaría
en la cola para Ministro de Magia, como poco.
Ron rió algo maliciosamente.
-Supongo que sois demasiado jóvenes para comprender las
consecuencias de la frase “sobre cualificado e
inexperto”. Básicamente, ningún
departamento lo quiere. Un tipo como Merlín no trabaja bien
tras un escritorio, para empezar. Y es difícil imaginar que
cualquier jefe de departamento que lo contrate no sería jefe
del departamento mucho tiempo después de hacerlo.
-Quieres decir que él asumiría el control,
¿verdad? -confirmó James.
-Asumiría el control, al menos. Es un poco de gatillo
fácil. Claro, probablemente sea el mago más
poderoso vivo hoy en día, pero con hueco de mil
años en su experiencia laboral. Por muy rápido
que se ponga al día, os aseguro que encaja mal en el tapete
rojo del mundo del Ministerio. Tu padre apenas puede soportarlo, James.
Piensa en que lo que sería enfrentarse a un tipo que puede
desterrar a sus enemigos al mundo de las tinieblas con una sola mirada.
La cuestión es que el Ministerio está buscando un
lugar "adecuado" para sacarse de encima al viejo. Algún
lugar lo suficientemente prominente como para un un mago de su talla,
pero lo suficientemente lejos como para que no sea una amenaza para
nadie, metafóricamente hablando. O, a lo mejor no tan
metafóricamente hablando. Nunca se sabe.
-Y resulta que Hogwarts tiene necesidad de un nuevo director -dijo
Noah, sonriendo
-¿Bueno? -dijo Ron respondiendo a la sonrisa de Noah-.
Parece un poco demasiado perfecto, ¿no?
-Incluso si el Ministerio está de acuerdo con eso,
¿Tú crees que él aceptará?
-preguntó James
En la chimenea, Ron pareció encogerse de hombros.
-¿Quién puede decirlo? Nadie le ha preguntado
aún. Pero lo primero es lo primero -Ron se puso serio y
estudió a James-. Tú lo conoces mejor que nadie,
sobrino. Estabas allí cuando regresó del pasado.
Tú fuiste el que habló con él para que
volviera y ayudara a Hogwarts y al mundo mágico.
¿Tú que crees? ¿Crees que
podría ser un buen director? ¿Crees que
deberíamos preguntárselo?
Noah se recostó contra la base del sofá,
estudiando a James y esperando su respuesta. James
sabía que debía pensar en eso, pero ya
sabía su respuesta. Merlín era un hombre
complicado, y no exactamente lo que cualquiera llamaría
“bueno”, no en el sentido de que lo
había sido Albus Dumbledore o incluso Minerva McGonagall.
Pero James sí sabía algo: Merlín
quería ser bueno. Era difícil decir si era mejor
tener un director que fuera bueno por naturaleza, o uno que fuera bueno
porque tenía que intentar ser así todos los
días, pero James tenía la edad suficiente como
para saber que se trataba de un riesgo que valía la pena
correr. Además, la parte Gremlin de James
susurró, "podría ser divertido tener un director
que destierre a alguien como Tabitha Corsica a las tinieblas con solo
una mirada".
-¡Pedídselo! -dijo James, asintiendo una vez,
enfáticamente-. Si el Ministerio accede,
pedídselo. Y espero que acepte.
-¡Yuuuujuuuu! -aulló Noah, lanzando las manos al
aire.
-Mantenedlo en secreto, por ahora -dijo Ron severamente- Si se sabe una
palabra antes de que tu padre y Hermione arreglen las cosas en el
Ministerio, se podría estropear todo. ¿Lo
captáis?
Noah asintió. James sonrió en acuerdo.
-¿Tú padre recuperó la capa y el mapa,
no? -preguntó Ron a James cambiando de tema.
-Sí. Y aparentemente voy a estar castigado cuando regrese.
Dos semanas sin mi escoba.
Ron chasqueó la lengua.
-Justo cuando estabas empezando a mejor bastante, por lo que he
oído. Ah, bueno. Sabes que tu padre tiene que mantener las
apariencias, castigándote y todo eso, pero está
orgulloso de ti. Te lo digo yo.
La sonrisa de James se amplió y sus mejillas se sonrojaron.
-No es que yo lo intentara de nuevo, si fuera tú -dijo Ron,
mientras su sonrisa de desvanecía-. Una vez tiene su
encanto. Si sales con algo así de nuevo, probablemente Ginny
decida escolarizarte en el sótano de casa. Te lo digo yo, tu
madre no es alguien con la que se pueda jugar, James.
Más adelante
esa tarde, James se encontró con Zane y Ralph afuera
mientras los Alma Alerons se reunían para embarcar. Mientras
observaban, los tres vehículos voladores fueron conducidos
desde el Garaje y después, el Garaje fue desglosado y
embalado dentro del baúl del Dodge Hornet.
-Hay algo profundo y místico en todo esto, pero no puedo
poner el dedo en la llaga -dijo Zane pensativamente.
-¿Qué? ¿En un Garaje del
tamaño de una casa siendo embalado en unos minutos?
-No. En la forma en que el profesor Franklyn parece ser más
y más popular entre las chicas cuanto más se
acerca su partida.
Era verdad. Franklyn era muy popular entre las damas, desde las
madronas más viejas hasta las chicas de primero, que se
reían tontamente cuando él pasaba a sus lados,
tocándolas suavemente a cada una la cabeza. Las
únicas mujeres sobre las que no parecía tener
efecto eran la Directora y Victoire, que afirmaba creer que era un
viejo charlatán presuntuoso. Ted había explicado
que una de las ventajas de ser viejo era ser libre de
coquetear con cualquier chica, porque ninguna de ellas se lo tomaba lo
suficientemente en serio como para sentirse ofendida.
Zane encontró esto extraordinariamente instructivo.
-Cuando sea viejo, voy a coquetear así -dijo
melancólicamente.
-Ni siquiera coquetea -dijo James, entrecerrando los ojos–.
Apenas les sonríe y actúa modestamente, como
siempre.
-Eso sólo demuestra que sabes lo que es coquetear.
Ralph puso sus ojos en blanco.
-Me sorprende que no estés tomando notas.
-Debería ofrecerse a dar una clase -dijo Zane seriamente,
observando a Franklyn inclinarse y besar la mano de Petra Morganstern
como despedida. Petra sonrió y miró de reojo,
ruborizándose un poco. Cuando Franklyn se
enderezó, ella se inclinó hacia adelante y le dio
un beso recatado en la mejilla.
-Damas y caballeros de Hogwarts -dijo Franklyn, girándose
para dirigirse a la multitud-. Ha sido un gran placer para nosotros
servirles este año. Ha sido, como sabía que
sería, un año notablemente muy instructivo para
nosotros. Hemos consolidado nuestra disposición a trabajar
con la comunidad mágica europea en mantener la justicia y la
equidad en todo el mundo, no sólo en el mundo
mágico, sino también para toda la humanidad-
-Escudriñaba a la muchedumbre, sonriendo, entonces se
quitó las gafas y suspiró-. Estamos, sospecho, al
principio de tiempos desafiantes. Soplan vientos de cambio. A ambos
lados del océano, nos enfrentamos las fuerzas que
sacudirán los cimientos de nuestra cultura. Pero nos hemos
hecho amigos, vosotros y nosotros, y permaneceremos unidos, sin
importar lo que pueda venir. Llevo por aquí mucho tiempo, y
puedo decir con un cierto grado de confianza que ese cambio siempre ha
estado en el viento. El reto para los hombres buenos no está
en impedir el cambio, sino en moldear lo que venga, a fin de que pueda
beneficiar en vez de destruir. Después de este
año, estoy indudablemente seguro de que podemos tener
éxito en esta empresa.
Hubo una ronda de aplausos, a pesar de que James la
sintió un poco superficial. No todos en aquella
muchedumbre estaban de acuerdo con Franklyn, y no todos, por las mismas
razones. Aún así, había sido un buen
discurso, y James se alegraba de Franklyn lo hubiese hecho. Mientras
que la multitud seguía vitoreando, Franklyn se
subió al Escarabajo Volkswagen, saludando una vez
más desde la puerta abierta.
Alguien dio un golpe James en el hombro. Se dio la vuelta y luego tuvo
que mirar hacia arriba. El profesor Jackson estaba de pie
detrás de él. Alto y vestido de negro, Jackson
parecía más imponente que nunca. Él
miró hacia abajo con la nariz erguida y las cejas tupidas
bajas.
-Pensé que podría desear tener esto -dijo
Jackson. James notó que el hombre sostenía una
pequeña caja de madera. Jackson miró hacia ella,
sostenida entre sus manos y después se la entregó
a James-. Fue encontrada en las habitaciones de Madame Delacroix. Creo
que le pertenece a usted más que a nadie. Disponga de ella
según sus necesidades.
James sostuvo la caja, que era asombrosamente ligera. Era de un
extraño color verdoso, cubierta de profundas tallas
decorativas. Le recordó a las enredaderas de la puerta del
Grotto Keep. Levantó la mirada para preguntar al Profesor
Jackson qué era, pero el hombre ya cruzaba a zancadas el
patio hacia el Stutz Dragonfly. Se detuvo cuando llegó al
vehículo y luego se volvió, levantando una mano
hacia la asamblea, con su cara de piedra, como rezaba su apodo. La
multitud vitoreó, una ovación incluso mucho
más larga y sostenida que la que Franklyn había
recibido. Asombrosamente, Jackson se había convertido en el
favorito de Hogwarts, no tanto a pesar de su conducta de cascarrabias
como a causa de la misma.
Una vez Jackson hubo subido al vehículo, el resto del grupo
subió a bordo rápidamente. Los delegados de capas
grises del Departamento Americano de
Administración Mágica habían llegado
de Londres un día antes para reunirse con sus
compañeros para el viaje de vuelta a los Estados Unidos. Se
metieron en los vehículos, haciendo gestos de despedida con
la cabeza al grupo. Los últimos fueron los conductores, que
acomodaron el enorme montón de equipaje en los maleteros
aparentemente sin fondo de los vehículos, y luego se
subieron a los asientos delanteros para conducir.
Las alas se desplegaron de los vehículos suavemente, con
delicadeza, y comenzaron a azotar el aire. El Dodge Hornet
despegó primero. Con un chirrido de resortes y un crujir del
metal, se levantó en el aire, girando lentamente. El Stutz
Dragonfly y el Escarabajo Volkswagen le siguieron, el bajo zumbido de
sus alas sacudía el aire, haciendo ondular el
césped del patio. Luego, con gracia y velocidad repentinas,
flotaron, levantándose, con los morros inclinados hacia el
suelo. En menos de un minuto, el ruido de su partida se
había perdido con las últimas ráfagas
de viento que soplaban sobre las colinas.
Ralph, Zane, y James se dejaron caer sobre un banco cerca de la entrada
del patio.
-¿Qué hay en la caja que dio Jackson?
-preguntó Ralph, estudiándola curiosamente.
-Si yo fuera tu, ni siquiera la abriría -advirtió
Zane- ¿Recuerdas lo que dijo sobre hacer nuestras vidas
“interesante”? Es la clase de tipo que espera justo
hasta el momento de partir para obtener su venganza sobre ti. De esta
forma, ya no está cuando comienza el problema -Zane se
golpeó con un dodo el costado de la cabeza sabiamente.
James frunció el ceño y sacudió la
cabeza lentamente. Estudió la caja que reposaba en su
regazo. Tenía un pestillo de metal en la parte delantera que
mantenía la tapa cerrada. Sin decir nada, giró el
pestillo y levantó la tapa. Zane y Ralph se inclinaron hacia
adelante, estirando el cuello para ver. El interior de la caja estaba
forrado con un terciopelo púrpura. Había un
objeto adentro, situado sobre un trozo de pergamino doblado.
-No lo capto -dijo Ralph, volviendo a recostarse hacia
atrás-. Es un muñeco.
James lo sacó y lo sostuvo en alto. En efecto, era una
pequeña figura, toscamente hecha de arpillera y cordel, con
botones desiguales como ojos.
Zane le echo un vistazo con cara seria.
-Es… eres tú, James.
Efectivamente. La figura tenía una llamativa similitud. El
hilo negro de la cabeza hacía una buena
representación del pelo revuelto de James. Incluso la forma
de la cabeza, la línea de la boca cosida, y la
colocación de los ojos de botón hacían
un espeluznante retrato.
James se estremeció.
-Es un muñeco vudú -dijo. Recordó la
nota dentro de la caja. Los tres chicos se inclinaron para leerla
cuando James la desenrolló.
Señor Potter
Seguramente reconocerá lo que es este objeto. No hubo tiempo
este año en el plan de estudios de Tecnomancia para discutir
el arte antiguo de las Representaciones Armónicas (Arte
Figurativo Armónico), pero sospecho que comprende usted lo
que implica. Esto fue encontrado en los aposentos de Madame Delacroix.
Tras un breve debate con la directora y los retratos de Severus Snape y
Albus Dumbledore -quienes debería saber se toman bastante
interés por usted- se decidió que
podría resultarle beneficioso saber cómo Madame
Delacroix utilizó este objeto en su contra. En realidad, la
elegancia de su manipulación fue bastante impresionante.
Esta figura estaba colocado junto a la figura mucho mayor de su padre,
Harry Potter. Al otro lado había una vela. Parece evidente
que mantenía la vela encendida todo el tiempo. Por supuesto,
el resultado, señor Potter, era que su figura siempre estaba
a la sombra de la representación de su padre.
Siempre hay una pizca de verdad en las manipulaciones del arte
vudú. Delacroix sabía que lucharía
usted legítimamente con las expectativas de su legendario
padre. La lección que debe aprender de esto,
señor Potter, es que las emociones no son malas, pero deben
ser examinadas. Conózcase usted mismo. Los sentimientos
siempre parecen válidos, pero pueden confundir. Y pueden,
como ya ha visto, ser utilizados en su contra. Repito, como su maestro
y hombre mayor que usted, conozca sus sentimientos.
Domínelos y si no, ellos lo dominarán a usted.
Theodore Hirshall Jackson
-¡Vaya! -suspiró Ralph-. ¡No la
llamábamos “la reina del
vudú” por nada!
Zane preguntó.
-¿Qué vas a hacer con él, James?
Quiero decir, ¿si lo destruyes, serás
destruído tú de alguna manera?
James fijó la mirada a la pequeña y poco
atractiva caricatura de sí mismo.
-No lo creo -respondió pensativamente-. No creo que Jackson
me lo hubiera dado en ese caso. Creo que solo quiso que recordara lo
que ha ocurrido. Y tratar de asegurarse de que no vuelva a suceder.
-¿Y? -repitió Zane repitió-
¿Qué vas a hacer con eso?
James se levantó, metiendo el muñeco en el
bolsillo de sus pantalones.
-No sé. Creo que lo guardaré. Por lo menos
durante un tiempo.
Con eso, los tres chicos vagaron sin rumbo fijo hacia escuela,
decididos a hacer lo menos posible en su último
día del año escolar.
Más tarde esa noche, incapaz de dormir por la
emoción de la partida del día siguiente, James
salió de la cama. Se deslizó por escaleras abajo
hacia la sala común, con la esperanza de que alguien
más pudiera estar aún levantado para una partida
de ajedrez mágico o incluso de Winkles y Augers. Por el
brillo de las brasas, la habitación parecía estar
vacía. Mientras se daba la vuelta para marcharse, algo
atrapó la mirada de James y miró de nuevo. El
fantasma de Cedric Diggory estaba sentado cerca del fuego. Su forma
plateada era todavía transparente, pero notablemente
más sólida que la última vez que James
lo había visto.
-Estaba intentando pensar en un nombre para mí -dijo Cedric,
sonriendo cuando James se lanzó sobre un sofá
cercano.
-¿Ya tienes un nombre, no? -respondió James.
-Bueno, no un nombre fantasmal apropiado. No como “Nick Casi
Decapitado” o “el Barón
Sanguinario”. Necesito algo con estilo.
James lo consideró.
-¿Qué tal “El Cazador de Muggles
Fastidiosos”?
-Es un poco largo.
-Bueno, ¿puedes mejorarlo tú?
-Yo estaba pensando... será mejor que no te rías
-dijo el fantasma, lanzando a James una mirada severa-. Estaba pensando
en algo así como “El Espectro del
Silencio”.
-Hmm -respondió James cuidadosamente- Pero no eres
silencioso. De hecho, suenas mucho mejor ahora. Tu voz ya no suena como
llegada del Más Allá.
-Sí -estuvo de acuerdo Cedric-, estoy un poco
más… aquí, en cierto modo. Ahora, soy
tan fantasmal como el resto de fantasmas de la escuela. Aunque estuve
en silencio por mucho tiempo, ¿no?
-Supongo que sí. Pero aún así, con un
nombre como “El Espectro del Silencio” -dijo James
sin convicción-, será difícil encajar
si estarás por ahí conversando con la gente todo
el tiempo.
-Tal vez podría mostrarme meditabundo y callado un
montón de tiempo -medió Cedir-. Simplemente
flotaría mucho por ahí pareciendo malhumorado y
demás. Y entonces, cuando pasen por mi lado, la gente se
susurrará unos a otros, “¡Hey,
ahí va! ¡El Espectro del Silencio!”.
James se encogió de hombros.
-Vale la pena probar. Supongo que tienes todo el verano para practicar
la entera melancolía silenciosa.
-Supongo que sí.
James se sentó de repente.
-Entonces, ¿crees que vas a ser el nuevo fantasma de
Gryffindor? -preguntó-. Quiero decir, como Nick Casi
Decapitado se fue a dondequiera que vayan los fantasmas, nuestra Casa
no tiene ya fantasma.
Cedric lo pensó un momento.
-En realidad no creo. Lo siento. Yo era un Hufflepuff,
¿recuerdas?
James se desplomó una vez más.
-Sí. Lo olvidé.
Pasaron unos minutos y entonces, Cedric habló de nuevo.
-Fue algo estupendo lo que hiciste, salir y llamar a Merlín
para que regresase y nos ayudase cuando parecía haberse ido
para siempre.
James levantó la cabeza y miró al fantasma.
Frunció el ceño un poco.
-¿Eso? Bueno, en realidad fue sólo un golpe al
azar. Fue culpa mía que Merlín fuera
traído a este tiempo. Creía que estaba haciendo
al mundo un gran favor, interponiéndome en el camino del
malvado plan de Delacroix y Jackson. Y Resultó que ella me
utilizó todo el tiempo y que Jackson era en realidad un buen
tipo.
-¿Bueno? -contrarrestó Cedric-. Aprendiste algo,
entonces, ¿verdad?
-No lo sé -dijo James automáticamente.
Pensó por un momento y luego añadió-:
Sí, supongo que si.
-En cierta aspecto, tú y tu padre sois iguales, James -dijo
Cedric.
James rió un poco sin humor.
-No veo en qué. Todo lo que aprendí es que mi
forma de hacer las cosas no es como la de papá. Si trato de
hacerlo a su manera, todo me sale mal. Si trato de hacerlo a mi manera,
podría ayudar a que las cosas se solucionen por pura suerte.
El camino de papá fue ser un héroe. Mi camino es
el camino del asistente. Mi mejor talento es pedir ayuda.
-No, James -dijo Cedric, inclinándose hacia adelante para
mirar a James directamente a los ojos-, tu mejor talento es inspirar a
las personas a que quieran ayudar. ¿Crees que eso no es
importante? El mundo necesita gente como tú, porque la
mayoría de la gente de ahí afuera no tiene el
coraje o la pasión o la dirección para ser
héroes. Quieren serlo, pero necesitan que alguien les diga
por qué, y les muestre cómo hacerlo. Tienes un
don, James. Tu padre fue un héroe porque era Él
Niño que Sobrevivió. Tenía un destino.
No fue un camino fácil para él, pero era un
camino evidente. Estaba Harry y estaba Voldemort. El sabía
dónde estaba y lo que tenía que hacer, incluso si
le mataban. Tú, sin embargo… eres un
héroe porque eliges serlo, todos los días. Y
tienes talento para animar a otros a que elijan también.
James clavó la mirada en los carbones ennegrecido del fuego.
-Yo no soy un héroe.
Cedric sonrió y recostó hacia atrás de
nuevo.
-Piensas eso sólo porque crees que los héroes
siempre ganan. Confía en mí esta vez, James. Un
héroe no se define por ganar. Muchos héroes
mueren en el esfuerzo. La mayoría de ellos nunca obtienen
ningún reconocimiento. No, un héroe es
sólo alguien que hace lo correcto cuando sería
mucho, mucho más fácil no hacer nada.
James se giró para mirar fantasma, con una sonrisa ladeada.
-Quizás debiéramos llamarte “El
Espectro de la Cursilería”
-Ja, ja -respondió el fantasma.
James se puso de pie de nuevo.
-Gracias, Cedric. Eso... ayuda.
Cedric asintió. James se dirigió de nuevo a las
escaleras, pero se detuvo con el pie en el escalón inferior.
-Sin embargo, hay algo que todavía me molesta, Cedric. Tal
vez sepas algo al respecto, siendo un fantasma y todo eso.
-Tal vez. Dime-.
-La dríada del bosque dijo que existe un heredero de
Voldemort. Dijo que esta persona estaba viva y muy cerca,
aquí en los terrenos de la escuela.
Cedric asintió lentamente.
-Yo estaba allí cuando se lo dijiste a Snape.
-Bueno, quienquiera que sea, creo que fue quien cogió el
GameDeck de Ralph y usó el nombre de Austramaddux. Si eso no
hubiera ocurrido, nada de esto hubiese pasado. Quienquiera que sea
tiene que haber estado trabajando con la señorita Sacarhina
desde el principio.
Cedric apartó la mirada, mirando a través de una
ventana cercana.
-¿Crees saber quién es?
-Tabitha Corcica -dijo James rotundamente-. Creía que
podría ser ella tras hablar con Snape y todavía
sigo pensando que puede ser ella. Vale, su escoba no era del
báculo de Merlín. Aún así
hay algo espeluznante en la escoba. Y en ella en general.
Cedric se puso de pie y caminó a través de la
silla, aparentemente sin percatarse que lo hacía
-He sentido algo, James. Te lo admito. Siento la sensación
de que Quien-No-Debe-Ser-Nombrado está aquí
todavía. Que perdura dentro de estas paredes. Es como un
olor, como algo rancio y sudoroso… y púrpura, de
algún modo. Tal vez soy más sensible a ello que
los demás fantasmas. Después de todo,
él fue el responsable de mi muerte.
-Sí -dijo James tranquilamente-. No lo olvido.
-Pero James, las cosas rara vez son tan obvias como nos
gustaría pensar que lo son. En el mundo real, al menos en
nuestros tiempos, si no en el de Merlín, el mal lleva muchas
máscaras. Es confuso. Tienes que ser muy cuidadoso. A veces,
incluso las buenas personas pueden parecer malas. Muchos de nosotros,
incluido tu padre, cometimos ese error con el profesor Snape.
-Como yo -admitió James-, con el profesor Jackson.
Cedric asintió.
-Pero habría jurado que Tabitha estaba involucrada en todo
el asunto de la conspiración de Merlín.
¿Tu cuál crees que sea la verdadera historia de
ella y su escoba?
Cedric observó a James durante un largo momento,
estudiándolo.
-¿Nunca se te ha ocurrido pensar que su escoba
podría ser exactamente lo que ella dice que es?
-¿Qué? -se burló James–
¿Un “artefacto muggle”? Eso es solo una
treta que se sacó de la manga, ¿no?
Cedric se encogió de hombros, pero pareció
más bien el encogimiento de hombros de alguien que sabe
más de lo que tiene intención de decir.
-La gente más espeluznante no siempre son los que se
inclinan hacia el mal, James. A veces, la persona más
espeluzante es la que confunde sus propias mentiras con la verdad.
James parpadeó.
-¿Quieres decir que… Tabita Corsica
cree en todas las cosas que dijo en el debate? ¿En lo de que
Voldemort en realidad era un buen tipo? ¿Que fue pisoteado
por el Ministerio y la clase dirigente mágica porque no
podían dejar que desafiera el status quo? ¿No
puede creer de verdad en eso, no?
Cedric volvió a mirar a James, y luego suspiró.
-Honestamente, no lo sé. Pero sé que mucha gente
lo cree. Y ella parece muy sincera al respecto. Esa escoba suya puede
tener alguna magia tenebrosa en su interior, pero eso no es nada
comparado con la magia oscura que alguien puede convocar si su
corazón es lo suficientemente deshonesto como para retorcer
una mentira hasta convertirla en algo que creen que es verdad.
Mientras James se metía silenciosamente en su cama, su mente
corría. Ni siquiera había considerado que Tabita
Corsica podría creer las cosas que decía.
Había asumido que apoyaba la propaganda del Elemento
Progresivo porque aceptaba y suscribía plenamente su oscuro
objetivo final. Por un momento, sintió vagamente pena por
ella. Era terrible pensar que alguien como ella pudiera creer que
estaba moralmente en lo cierto, y que él, James Potter, y su
padre, eran los malvados. Era casi impensable, pero no del todo. Fuera,
la luna estaba llena y brillante. James se durmió con sus
rayos en la cara, pálidos y fríos, y la frente
aún ligeramente fruncida.
Al día siguiente, James, Zane, y Ralph avanzaban por el
Expreso de Hogwarts hacia el Andén Nueve y Tres Cuartos. Los
padres de Zane estaban allí, junto con su hermana menor,
Greer, que miraba a la gigantesca locomotora carmesí con
sobrecogido asombro. De pie cerca de ellos, James divisó a
su madre y su padre arreando a Albus y Lily para que avanzaran con
ellos. Sonrió y saludó. Parecía como
si apenas hubiera pasado una semana desde que los había
visto estado observando desde el tren, mientras este se alejaba de la
estación, llevándole junto con la incertidumbre
de su primer año en Hogwarts. Ahora estaba en casa de nuevo.
Hogwarts era maravilloso, pensó para sí mismo,
pero se alegraba de volver a casa, después de todo. El
próximo año, estaría
acompañando a Albus en el tren, que le llevaría a
su primer año. Se burlaría de Albus
interminablemente sobre en qué casa terminaría.
De hecho, ese iba a ser su proyecto de verano. Pero no se preocupaba al
respecto. Aunque Albus no fuera un Gryffindor, le iría bien.
James sabía que si Albus era enviado a otra ´Casa
que no fuera la suya, James se sentiría incluso un poco
celoso. Pero sólo un poco.
Cuando se unió a la fila para salir del tren, James
acabó detrás de Ted. Notó que Ted
estaba cogido de la mano con Victoire.
-Vas a causar un montón de problemas, ¿sabes?
-dijo James, sonriendo.
-Es un trabajo duro, ser tan controvertido -dijo Ted humildemente-,
pero todos tenemos nuestras cargas que soportar.
-Mis padges no deben vegnos juntos -ordenó Victoire-. Ted
Lupin, no lo agguines todo. Sabes que no lo apgobagían.
Mantén la boca ceggada. Tú también,
James.
-Su acento es mucho más prominente cuando se pone mandona,
¿no? -preguntó Ted a James.
James sonrió. Era cierto.
James se detuvo en la puerta abierta del tren, mirando hacia el
andén. A través de la multitud de estudiantes que
regresaban, los bulliciosos porteros y los gritos de los miembros de
las familias, vio a Zane sumido en el mutuo abrazo de su hermosa madre
rubia y alta, y su orgulloso padre. Su hermana fue absorbida hacia el
abrazo, aparentemente contra de su voluntad, feliz de ver de nuevo a su
hermano, pero aún embelesada por el tren carmesí.
Ralph se encontró con su padre en el andén con un
abrazo más sobrio, ambos sonreían un poco
tímidamente. Ralph echó un vistazo hacia
atrás a James y saludó.
-¡Papá dice que pasaremos el verano en Londres!
¡Podré ir a visitarte!
-¡Excelente! -gritó James felizmente en respuesta.
Y entonces, mientras bajaba, James vio a su propia familia
buscándole. En ese momento antes de que lo hubieran
divisado, James saboreó su propia felicidad. Estaba sin duda
en casa. Corrió hacia ellos, palpando el bolsillo de sus
pantalones para asegurarse de que el pequeño
muñeco de Madame Delacroix estuviera todavía
allí. Probablemente no significara nada, pero no
hacía daño ser precavido. No hacía
ningún daño en absoluto.
-¡James! -gritó Albus, que le vio primero-
¿Nos trajiste algo? ¡Lo prometiste!
-¿Qué soy yo? ¿Papá Noel?
-respondió James, riendo mientras Albus y Lily casi le
derribaban.
-¡Lo prometiste! ¡Nos prometiste Varitas de Regaliz
del carrito!
-Y Cauldron Cakes para Rose y Hugo -añadió Harry,
sonriendo.
-Vaya, las noticas buena. ¡Vale, vale, he traído
cosas para todo el mundo! -admitió James. Se
vació los bolsillos, llenando las manos de Albus y Lily de
golosinas. Sacó el muñeco vudú al
final y lo miraron con un poco desconcertados
-¿Qué demonios es eso, James?- dijo Ginny,
abrazándolo y luego mirando el objeto en las manos de su
hijo. -¡Se parece… bueno, a ti!
La cara de James se rompió en una sonrisa.
-Es para ti, mamá. Pensé que te
gustaría guardarlo para cuando vaya a la escuela el
próximo año. Ya sabes, para te acuerdes de
mí.
Ginny lo miró con curiosidad, y luego le hecho un vistazo a
Harry. Él se encogió de hombros y
sonrió.
-Bueno, es un poco raro, pero vale -dijo ella, quitándole el
muñeco-. ¿Si lo abrazo, lo sentirás?
James se encogió de hombros, demostrando
desinterés mientras la familia comenzaba a abrise paso hacia
la terminal principal.
-No lo sé. Nada. Es… sabes, supongo que vale la
pena probar.
Ginny asintió, sonriendo y lanzando una mirada a Harry.
Tendría que probar.
FIN
